5 características humanas que no tienen los robots

El trabajo de un asesor inmobiliario requiere de percibir y transmitir sentimientos, como la emoción y la empatía, para poder acompañar al cliente en su proceso de compraventa de vivienda.

Dichos sentimientos, son propios del ser humano, no de la inteligencia artificial (todavía).

Así como en la toma de decisión de compra, interviene el inconsciente y factores emocionales, subjetivos y hasta irracionales, el profesional inmobiliario tiene que tenerlos en cuenta para entenderlos.

El robot podrá registrar estados de ánimo, pero difícilmente podrá ayudar a tomar decisiones fuera de la racionalidad de los datos, tendencias y conocimientos adquiridos.

Pese a las limitaciones actuales de los robots, muchos profesionales temen al crecimiento tecnológico, lo que se traduce en un rechazo de la tecnología aplicable al negocio inmobiliario y la sensación de que la labor humana puede ser sustituida por máquinas.

Sin embargo el enfoque debe ser distinto: la tecnología ayuda cuando sus herramientas se utilizan adecuadamente y, quien más provecho obtiene, son los profesionales en el ejercicio de su actividad.

Hay profesiones en las que difícilmente la inteligencia artificial reemplace al humano, como educadores de pre-escolar, políticos, jueces o doctores de salud mental.

Y entre esas profesiones, incluiría la de asesor inmobiliario, identificando estas

5 características humanas que no tienen los robots:

Intuición

Ni los compradores son iguales, ni tampoco las propiedades.

Cada persona tiene sus gustos, expectativas y sus deseos. No hay 2 iguales.

Y cada inmueble tiene sus características, estado y entorno. No hay 2 iguales.

Por mucho que se quiera aplicar la ciencia en el proceso de búsqueda de vivienda, habrá siempre factores que distorsionen una selección inicial.

Las características buscadas por una persona para su futura vivienda, no son inamovibles.

La experiencia de un agente inmobiliario le permite saber que hay viviendas, alejadas de las características inicialmente deseadas, que pueden encajar con los deseos del comprador.

Esa intuición no la tiene el robot, que analiza sólo las condiciones establecidas en unos filtros, para eliminar de la selección cualquier oportunidad que no encaje.

El comprador usa la cabeza, pero también los sentidos, las tripas y el corazón, en la evaluación de una propiedad.

Razonamiento

En la actualidad todos tenemos acceso a multitud de datos.

Si quiero buscar información del mercado inmobiliario en una zona, podré extraer datos de compraventas, de precios medios, de informes de diferentes fuentes.

Incluso podré usar alguna herramienta de análisis comparativo de mercado, que predice el precio de la casa que quiero vender o comprar (no entramos a discutir qué es precio y qué es valor de mercado).

Pero ese amasijo de datos, no son válidos a menos que se puedan interpretar por alguien que conozca a fondo la zona, las operaciones que se realizan a diario y a quienes las realizan.

El razonamiento ayuda a descifrar los datos, a darles sentido, a ver el bosque completo, para que el cliente conozca la situación y se prepare para el siguiente paso, como es la negociación.

Las máquinas sólo ven ceros y unos, blanco y negro.

La realidad muestra una escala muy amplia de grises, que de momento sólo se interpreta correctamente con materia gris, con experiencia e interpretación, tanto objetiva como subjetiva de la información.

Empatía

Un propietario puede encontrar dificultades para dar salida a su propiedad, el plazo de venta se pueda alargar, el precio reducirse. Esa ansiedad que acumula el vendedor, una persona la puede entender y dimensionar.

El comprador, en un mercado con escasa oferta, tendencias alcistas y alta demanda, puede tener sensación de angustia, por no conseguir su objetivo, por ver rechazadas sus ofertas.

El asesor inmobiliario que ya ha acompañados a numerosas personas por esa travesía, dispone, además de la experiencia, del chip de la sensibilidad, que le permite animar a su cliente cuando lo necesita, aconsejarle con calidez e incluso darle un abrazo.

Emoción

Cuando un comprador visita una vivienda que le gusta especialmente, en la que se siente cómodo, visualiza su vida en ese lugar, expresa emociones, no necesariamente de forma verbal.

Otra persona es capaz de percibirlo a través del lenguaje corporal, de las expresiones, de las miradas.

Y en esos momentos concretos, es cuando es conveniente permanecer en silencio, o proponer hacer una oferta, retirarse o ser más agresivo.

Estas habilidades e van adquiriendo con la experiencia, pero también es necesaria la sensibilidad suficiente como para interpretarlas y actuar en consecuencia.

Trabajo en colaboración

El negocio inmobiliario es local, hiperlocal. Y lo es también la cooperación.

El agente inmobiliario trabaja con otros comerciales de su propia oficina, representando a compradores o vendedores.

Se relaciona con agentes de otras inmobiliarias de la zona.

Asiste a safaris inmobiliarios y puertas abiertas para conocer el producto captado por otros compañeros.

Esa relación personal es propia de humano, no de máquinas que recogen y extraen datos.

Asiste a formación y a reuniones con otros profesionales interesados en la misma materia.

Los socialbots están programados para establecer conversaciones, son capaces de preguntas y responder por cuestiones básicas, pero no podrán detectar estados de ánimo y cambiar el suyo propio.

No podrán detectar y aprovechar sinergias, como sí somos capaces los humanos (cuando nos lo proponemos).

 

Artículo original:  5 reasons robots will never replace a Realtor’s job, Laura Ellis

Resumen
Título del Artículo
5 razones por las que los robots no pueden reemplazar a los inmobiliarios
Descripción
El trabajo de un asesor inmobiliario requiere de percibir y transmitir sentimientos, como la emoción y la empatía, para poder acompañar al cliente en su proceso de compraventa de vivienda.
Autor
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