Consumidores de personas

Los consumidores del siglo XXI, no lo somos solo de productos o servicios, también consumimos personas, asesores personales que nos acompañen para alcanzar el bienestar.

Buscamos el placer continuo, queremos conseguir satisfacción inmediata, huir del dolor y los problemas, en definitiva, vivimos en un estado de hedonismo* perpetuo.

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Hedonismo perpetuo

Buscamos el placer cada vez más frecuentemente en estímulos sociales, sobre todo virtuales.

La actividad online, la mensajería instantánea y las redes sociales, influyen en el aumento de la frecuencia y presión cardíaca, (des)regula el sueño, la atención y la actividad motora.

Sumado a la necesidad permanente de respuestas positivas, en la relación con otras personas, online o presencialmente,

¿podemos decir que la tecnología es la dopamina de nuestros tiempos?

Acostumbrados a encontrar respuestas inmediatas en búsquedas online, a comprar cualquier commodity y que llegue rápidamente, a recibir «likes» de publicaciones en redes, la satisfacción inmediata es, más que una realidad, una obsesión.

Por ese motivo, las pizcas de felicidad realmente no llegan de esas pequeñas satisfacciones de acceso rápido, sino de evitar situaciones de dolor, de miedo, que nos alejan de la situación de bienestar.

Sobre todo, queremos evitar problemas y, al ser posible, que cuando se produzcan, sean otros quienes nos los solucionen.

El solucionador de problemas

Ante una situación estresante, como es la compra o venta de una vivienda, lo último que queremos es encontrarnos con problemas durante el proceso, perder el tiempo para evitar obstáculos y no poder avanzar.

Esa la razón por la que existen profesionales que intervienen en el proceso inmobiliario, representando al vendedor o al comprador.

Por eso se justifican sus honorarios, por el tiempo que dedican a optimizar el proceso, por los conocimientos para adelantarse a los imprevistos, por la experiencia para resolver situaciones que otras consumidores ya han vivido previamente.

Así llegamos a la emergente figura del «Solucionador de problemas«, como persona que comprende los problemas de otro y es capaz de aportar soluciones, que eviten dolor y agilicen la consecución del objetivo, sea por necesidad o deseo.

La tecnología está alimentando la Kenodoxia** ; la moderación es la clave, requiere disciplina para usar correctamente las herramientas.

Hedonismo, Kenodoxia, Epicuro

*El hedonismo identifica al placer como principal objetivo, como fin con el que, al ser alcanzado rápidamente, es posible llegar a la felicidad. La doctrina del filósofo griego Epicuro, se basaba en la búsqueda del placer, a través de la prudencia.

El fin de la vida humana es procurar el placer y evadir el dolor; siempre de una manera racional y evitando los excesos

**La kenodoxia es vanagloria, el acto de atribuirse méritos o cualidades.

Para Epicuro, la felicidad es la condición natural de la vida. Pero las personas se afligen por deseos innecesarios.

Los Factores para la felicidad:

  • Tranquilidad
  • Libertad del miedo
  • Ausencia de dolor corporal

El placer es un una consecuencia de actos dinámicos; el estado estático es no tener necesidades inmediatas, vivir con tranquilidad y ausencia de dolor.

Nos quejamos de no disponer de tiempo, sin embargo, consumimos varias horas al día delante de pantallas, sin un propósito concret0, simplemente viendo pasar imágenes, videos y mensajes de otras personas, conocidas o no.

Nada es más personal e impactante como la forma en que experimentas tu propia vida. Cada uno de nosotros tiene nuestra propia percepción de cómo funciona el mundo en función de cómo vivimos y lo que sentimos.

La economía de la experiencia

Décadas de evolución económica nos están llevando a comprender que las experiencias personales, pueden ayudarnos a adquirir contactos y retener clientes, así como a reclutar y retener a los mejores talentos.

Con el auge de Internet, todos los sectores de actividad, incluidos los de servicios, se han digitalizado.

Todos nos conectamos a Internet y usamos herramientas informarnos, considerar opciones y tomar decisiones.

Y esa toma de decisiones ya no se basa exclusivamente en el precio.

Hemos evolucionado hacia la Economía de la Experiencia.

  • Queremos reducir tiempos en actividades que no nos agradan,
  • Perseguimos hacer cosas que nos gustan y que sean memorables,
  • Buscamos una solución personalizada a nuestros problemas, en el momento que nosotros decidamos.

Se trata de valor, no de precio.

Las personas necesitamos y seguiremos necesitando a otras personas que nos ayuden a solucionar problemas, a reducir nuestro dolor, a conseguir nuestros deseos.

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