El valor del asesor en tiempos de IA

0
493

Como asesor de marketing digital especializado en posicionamiento reputacional y campañas de generación de contactos para asesores inmobiliarios, estoy observando el fenómeno de que con la inteligencia artificial cada vez es más fácil ejecutar tareas.

Crear textos, imágenes, vídeos, anuncios o presentaciones ya no requiere grandes conocimientos técnicos. Todo está a un clic.

Pero… siempre hay un pero.

El pero es que el resultado de hacer algo de manera despersonalizada, provoca que la calidad media del servicio se está estandarizando.
Es válida, funcional… pero también, en muchos casos, mediocre.

La dificultad reside en diseñar el proceso para que se ejecuten las tareas, estableciendo responsables, recursos y resultados esperados.

Cuando todos usamos las herramientas de la misma manera

El verdadero aspecto diferenciador hoy no está en usar herramientas de IA, sino en entender cómo integrarlas en nuestros procesos de trabajo.

Esto exige dar un paso atrás y revisar la estrategia.

Porque si no lo hacemos, terminamos todos haciendo lo mismo de la misma manera: los textos se parecen, los mensajes se repiten, las campañas suenan iguales.

En mi experiencia desarrollando estrategias de comunicación on-line para empresas del sector inmobiliario, he comprobado que si nos limitamos a automatizar sin un criterio claro, todos terminamos haciendo lo mismo y sonando igual: a un aburrido “texto plano”.

Todo se vuelve homogéneo, previsible, repetido.

La inteligencia artificial facilita la ejecución, pero no sustituye al criterio estratégico.

Lo que realmente falta en el mercado es el criterio profesional para determinar qué necesitamos y qué objetivos queremos alcanzar.

Las necesidades del cliente no han cambiado

Aunque la tecnología evolucione, las necesidades de los clientes siguen siendo las mismas.

Quieren alcanzar sus objetivos sin preocupaciones, en el menor tiempo posible y con el menor coste/esfuerzo.

Sin embargo, existe una contradicción interesante: como consumidores no queremos un servicio estándar. Queremos algo más: Un trato personalizado, alguien que entienda nuestras necesidades, un profesional que nos acompañe en el proceso, sentirnos respaldados por un experto que ya ha pasado por situaciones similares y sabe cómo resolverlas.

Si ciertas tareas pueden automatizarse con agentes de IA y eso mejora el resultado, bienvenido sea.

Pero eso no elimina la necesidad del asesor; al contrario, la hace más relevante.

Tener herramientas no significa tener criterio

Hoy cualquiera puede pedir a una inteligencia artificial que genere:

una imagen, un vídeo, un anuncio, un flyer, un texto aparentemente convincente,…

La inteligencia artificial se ha democratizado.

Pero lo que sigue siendo escaso no son las herramientas, sino el criterio para decidir qué necesitamos y qué queremos conseguir con ellas.

asesor humano e IA
Imagen generada con IA

La IA necesita dirección estratégica

Para que la inteligencia artificial funcione realmente bien, necesita tres elementos fundamentales:

  • Información (una base de conocimiento adecuada)
  • Instrucciones claras. Objetivos concisos y bien delimitados.
  • Objetivos concretos. Directrices muy definidas, para que la herramienta ejecute sobre una información concisa.

No podemos delegar en la IA la organización completa del proceso.
Somos nosotros quienes debemos diseñarlo.

La IA ejecuta, optimiza y acelera.
Pero la estrategia sigue siendo humana.

El consumidor no quiere algo que cualquiera puede hacer

El cliente no busca algo estándar.

Busca una solución personalizada, un servicio de valor, un resultado que no puede alcanzar por sí mismo

Si una tarea es simple, básica y cualquiera puede hacerla con herramientas disponibles, es lógico que muchos clientes decidan hacerlo por su cuenta.

Por eso el valor del profesional no está en ejecutar tareas básicas, sino en interpretar, orientar y acompañar.

El trato personal ante la ejecución de tareas automáticas

En este nuevo contexto, ciertas habilidades adquieren más importancia que nunca.

Como señala Lucas en su artículo La era del gusto:

“Ahora son necesarias las habilidades blandas como la belleza, el buen gusto, el criterio o la capacidad de contar historias que conecten.”

Esas capacidades no se crean ni automatizan fácilmente.

La diferencia entre ser reemplazable o imprescindible

Si como profesional te limitas a utilizar herramientas de inteligencia artificial para generar soluciones básicas, eres reemplazable.

Pero si dedicas tiempo a:

  • analizar la situación del cliente
  • entender qué le preocupa realmente
  • interpretar sus intereses
  • diseñar una estrategia adecuada
  • personalizar el servicio con criterio

entonces aportas algo que hoy la inteligencia artificial todavía no puede ofrecer.

Y ese es, precisamente, el verdadero valor del asesor en tiempos de IA.