Esta mañana, tras publicar un artículo en mi blog y difundirlo en las redes sociales, Juan Social lo vió en Linkedin y me mandó un mensaje privado preguntándome si podía aplicar lo allí expuesto en su negocio.
Al leerlo, me dirigí a su perfil para poder obtener un teléfono de contacto y así poder obtener más información y ofrecer primeras impresiones.
No respondió al teléfono móvil durante mi llamada, pero tuvo la cortesía de enviar un Whatsapp poco después, indicando que se encontraba en una reunión.
Poco más tarde, al haber sincronizado los contactos del móvil con los del portátil, me apareció un aviso en Skype indicando que Jose Social se había conectado, por lo que le envié un mensaje preguntando si estaba disponible.
Una nueva reunión se interpuso entre la nuestra.
"No importa, te agrego en Facebook por si te es más cómodo", me atreví a proponer, lanzando una solicitud de amistad virtual.
Ya a la noche, recibí un mensaje directo en Twitter de mi nuevo seguidor, Juan Social, que había encontrado en Google una referencia del tema del que le había surgido la inquietud, llegando hasta un retweet del enlace al artículo en el blog.
En el mensaje me puso que "hablamos mañana".
Todavía no se si hablaremos o nos leeremos, ni cuando ni donde, pero ya estamos irremisiblemente conectados y condenados a conversar.
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