La culpa la tenemos los proveedores

Con poco más de 2 años, mi primogénito ya conoce varias formas de pedir lo que quiere: insistencia, estridencia, pucheritos,… son las técnicas más utilizadas. Habitualmente consigue lo que quiere.

Los padres, con el afán de ver contentos y felices a sus hijos, somos demasiado condescendientes con ellos y les damos lo que nos piden y exigen, antes o después. Aun sabiendo que en ocasiones son meros antojos, accedemos a sus exigencias.

El problema es que acaban por no distinguir entre lo que necesitan, lo que desean y lo que simplemente se les antoja.

No saben valorar ni priorizar, porque se han acostumbrado a obtener todo cuanto se proponen.

los niños y los clientes siempre quieren más

A veces sólo es cuestión de un juego de negociación, de un tira y afloja en el que el niño quiere conocer si puede conseguir su propósito y vencer la resistencia paterna. El problema llega cuando de la negociación se pasa al chantaje

La culpa la tenemos los padres.

Con el afán de agradar y fidelizar a los clientes, los proveedores habitualmente hacemos concesiones, ofreciendo más servicios de los que se han contratado.

A veces reaccionamos frente a una queja, queriendo evitar la propagación de una mala crítica, satisfaciendo peticiones, de un grado de relevancia aleatorio.

Otras veces cedemos ante algunas demandas, simplemente porque cuesta menos hacer lo solicitado que negociar la negativa.

La importancia de un cliente para un proveedor no se mide sólo por su facturación, sino por factores como la influencia que ejercen en su mercado, la capacidad de atraer más clientes y recomendar tus servicios, la calidad de su red de contactos

Conseguir una buena imagen de marca, personal y/o empresarial, asi como una alto grado de reputación, es un medio para conseguir los objetivos personales y(o profesionales.

Ante la posibilidad de dar una negativa a una solicitud que consideremos inapropiada o que excede los servicios contratados, debemos valorar las consecuencias.

Y aunque a veces es necesario decir NO, cuando se trata de la fuente de tus ingresos, acabas siendo más complaciente, ante el temor de perder al cliente y de proyectar una mala imagen ante otros clientes.

Al igual que con nuestros hijos, transigimos más de lo racionalmente permisible, porque hay factores más relevantes que los materiales.

Determinar sobre qué aspectos negarnos y a quien negarselos, es un factor crítico en la vida y en los negocios.

Si permitimos "el todo vale" a nuestros clientes y no respetamos lo establecido en un acuerdo o contrato previo, perderemos el respeto y no se valorarán nuestros servicios.

no hay cliente malo, hay clientes mal acostumbrados.

La culpa la tenemos los proveedores.

Algunas lecturas recomendadas:

– Seth Godin: How to Deal with an Angry Customer

– Fisher y Ury: Obtenga el sí (Getting to yes)

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6 Comments

  1. Deposit pisos 31 mayo 2011
  2. Fernando Garcia Erviti 1 junio 2011
    • César Villasante 1 junio 2011
      • Plupluplita 2 junio 2011
        • César Villasante 20 junio 2011
  3. Josesaavedra 1 junio 2011